Por: Ana Pau Vázquez
En una ciudad donde los espacios deportivos siguen siendo terreno de disputa, Furiosas Roller Derby SLP se abre pista sobre ruedas. No sólo practican un deporte de contacto poco difundido en San Luis Potosí; han construido un espacio propio donde mujeres, madres, niñas y jóvenes entrenan sin pedir permiso. “Somos puras morras en todos los ámbitos”, dicen con orgullo. Su proyecto rebasa la competencia: organizan bazares para sostener al equipo, impulsan una escuelita y habilitaron una ludoteca que permite a las mamás entrenar mientras otras compañeras cuidan a las infancias.
El roller derby es un deporte de contacto que se juega en una pista ovalada sobre patines. Una jugadora —la “jammer”— busca anotar puntos mientras sus compañeras, las “blockers”, abren paso y contienen al equipo rival. “Es un deporte muy completo, nos ayuda a desarrollar fuerza, resistencia, equilibrio y velocidad”, explica Danely Rangel. Pero, más allá de lo físico, subrayan el sentido de comunidad: “Entre todas construimos algo muy bonito… el fin común es patinar y sentirnos a gusto en un espacio que es para nosotras”.
Fana, conocida en la pista como Fuega, acompañó al equipo desde fuera durante su embarazo. Psicopedagoga y feminista, coordina la ludoteca instalada a un costado de la cancha. “Es un espacio que se abre ahí mismo para que las mamás puedan entrenar y observar a sus niños. Es voluntario y nos encantaría recibir donativos”, señala. Aunque hizo una pausa deportiva, continúa gestionando iniciativas como el “Furibazar” para reunir recursos. “Busco seguir involucrada y seguir impulsando cosas para nuestra comunidad”.
El camino, reconocen, no ha sido sencillo. Practicar un deporte de contacto siendo un equipo femenil todavía despierta prejuicios. “No nos toman tan en serio”, lamenta Tania, conocida como Ponny Bear. En los espacios donde entrenan, otras disciplinas suelen tener prioridad y han recibido negativas bajo argumentos como el desgaste del suelo por los patines. Aunque han presentado oficios, no han conseguido un espacio techado y adecuado para realizar partidos. “Necesitamos una cancha amplia para montar la pista y recibir audiencia… en otros estados hay más apoyo; aquí no se ha podido”, explican. Ante la falta de condiciones, muchas veces deben viajar para competir.
Aun así, no se detienen. Organizan rodadas en espacios abiertos, prestan o rentan equipo a quienes desean iniciarse y promueven el Derby Junior porque, dicen, “las niñas son el futuro”. El mensaje que envían a otras mujeres es directo: “Vivir sin miedo al juicio… nuestro cuerpo puede hacer cosas increíbles”. Su apuesta no es sólo deportiva: es política en el sentido más cotidiano. Ocupar la pista es también ocupar espacios donde la mujer ya no puede ni debe ser infravalorada.
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