Por: Ana Pau Vázquez
La estatura le cerró la puerta a la selección mexicana, pero no al voleibol. Edith Lira García convirtió ese obstáculo en motor y hoy, desde San Luis Potosí, entrena a niñas que sueñan con llegar a lo más alto del deporte a través de la escuela Tuneritas, un proyecto que nació casi por casualidad y que hoy reúne a jugadoras en distintas categorías.
Originaria de Monterrey, Edith Lira comenzó a jugar voleibol a los siete años y con el tiempo representó a Nuevo León en diferentes selecciones estatales. Su meta era vestir la camiseta nacional, pero el requisito para aspirar a la selección era medir al menos 1.70 metros y ella alcanzaba 1.60. Para compensarlo se exigía más que muchas de sus compañeras: entrenaba con la selección, con su escuela y al regresar a casa continuaba con ejercicios físicos.
La exigencia comenzó desde muy joven. A los 14 años ya competía en circuitos con jugadoras de hasta 24 años, experiencia que la llevó a entrenar incluso dos veces al día para mantenerse en el cuadro titular. El voleibol también le abrió oportunidades académicas: gracias a su desempeño obtuvo una beca en la Universidad Regiomontana, donde participó en torneos de la CONADE y su equipo consiguió el primer lugar. “Cuando tienes sueños y metas, la pasión no se limita”, afirma.
Su etapa como entrenadora comenzó tras mudarse a San Luis Potosí para trabajar en el Colegio Salesiano. La escuela Tuneritas surgió cuando decidió integrar a su hija a los entrenamientos y otras niñas comenzaron a sumarse. Con el tiempo el proyecto creció y continúan presentándose en torneos estatales y nacionales. Para Edith, ver el desarrollo de sus alumnas es una de las mayores satisfacciones: “Es un orgullo ver cómo van creciendo y cómo empiezan a creer en lo que pueden lograr”.
En un ámbito donde predominan los entrenadores hombres, reconoce que abrirse camino no siempre ha sido sencillo. “Somos pocas mujeres entrenadoras y a veces piensan que no sabemos mucho”, comenta. Aun así, asegura que su mayor motivación es acompañar a las jugadoras en sus metas deportivas. Algunas ya entrenan en Monterrey, mientras la academia continúa formando nuevas voleibolistas que aspiran a competir a nivel alto, el mismo sueño que ella persiguió desde niña.
